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Competiciones
Un perro de competición es, comparativamente
hablando, una rareza. Es uno, entre varias camadas de cachorros, que ha
nacido con un grado de perfección física que se halla muy próxima a la
norma que se aplica para juzgar a la raza en la pista de competición. Un
perro así al llegar a la edad adulta, debería poder ganar o acercarse
mucho a la victoria en las competiciones importantes. Es además probable
que, al término de su época de competición, sea muy solicitado como animal
de recría, etapa ésta en que, como macho comprobado, automáticamente
alcanzará un elevado precio por sus servicios.
Concurrir a competiciones puede ser muy
divertido, pero no debe olvidarse que la competencia es muy fuerte en
ellas. De hecho, aun cuando todos los expertos fueron una vez
principiantes, las probabilidades juegan en contra del novato. Conviene
recordar que competiremos contra criadores experimentados, tanto
profesionales como aficionados, personas que han dedicado toda una vida a
la cría, selección y presentación de los mejores ejemplares. Además, el
perro más perfecto que jamás haya nacido tiene defectos y, en nuestras
manos, tales defectos resultarán mucho más evidentes que en las del
criador experimentado que sabe cómo minimizar los de su perro.
Sin embargo, el criador experimentado no
nació conociendo lo que debía hacer. Tuvo que aprenderlo... ¡y lo mismo
deberemos hacer nosotros! Podemos, si queremos, dedicar a tal empeño el
mismo tiempo, estudio y profunda observación que él pero transcurrirán
bastantes días antes de que logremos resultados.
En primer lugar, busquemos un cachorro
Schnauzer Miniatura de bella estampa apto para concurrir a competiciones
Llevémonoslo casa, eduquémoslo de acuerdo con el manual y, con el máximo
cuidado, démosle todas las oportunidades necesarias para que se convierta
en el perro esperado. Algunos expertos recomiendan mantener alejado de las
grandes competiciones a todo cachorro que sea un campeón potencial hasta
que haya llegado a su madurez Cuando se aproxima a ésta, llevémoslo a
exposiciones caninas y, después de esta experiencia —válida tanto para el
perro como para nosotros—, orientémonos hacia las competiciones
importantes y los grandes premios.
Siguiente etapa: leer la norma de acuerdo
con la cual se juzga al perro. Estudiémosla hasta que la sepamos de
memoria. Tras haber hecho esto, y mientras nuestro cachorro permanece en
casa (que es donde debe estar) convirtiéndose en un perro normal y sano,
acudamos a todas las competiciones posibles. Sentémonos junto a la pista y
observemos la forma de juzgar. Mantengamos los oídos bien abiertos y
también los ojos. Hagamos nuestro propio juicio, comparando cada uno de
los perros con la norma, la cual ya conocemos ahora de memoria.
En nuestras evaluaciones no comencemos por
buscar defectos. Al contrario, busquemos virtudes, las mejores cualidades.
¿Cómo se ajusta un perro dado a la norma? Tras haber considerado y anotado
las virtudes, procedamos a tomar nota de los defectos y veamos qué es lo
que impide que un perro dado se mantenga correctamente en pie o se mueva
bien. Comparemos estos defectos con las virtudes, dado que, idealmente,
cada característica del perro debería contribuir a un todo armonioso.
Constituye una buena práctica tomar notas
respecto a cada perro, siempre comparándolo con la norma. En el «juicio
junto a la pista» debemos olvidarnos de nuestras preferencias personales
respecto a tal o cual rasgo. ¿Qué es lo que dice la norma respecto a ello?
Observemos cuidadosamente mientras el juez asigna los perros a una
categoría dada. Resulta difícil, desde fuera de la pista, apreciar los
motivos por los cuales el número uno ha sido puesto antes que el número
dos. Tratemos de seguir el razonamiento del juez. Más tarde tratemos de
hablar con él, después de que haya terminado (no todos los jueces
dispondrán del tiempo necesario o se sentirán inclinados para ello).
Formulémosle preguntas respecto a la razón por la cual ha calificado a
determinados perros y a otros no. Escuchemos mientras el juez explica los
motivos de su clasificación.
Cuando no estemos junto a la pista, hablemos
con los aficiona dos y los criadores. No temamos pedir opiniones o decir
que ignoramos algo. Es mucho lo que debemos escuchar, y ello nos ayudará
considerablemente y activará nuestros avances si somos buenos oyentes.
Veremos que vale la pena inscribirse en el
club canino nacional, que es el órgano rector para todo lo que se refiere
a los perros pura sangre en un país determinado, y suscribirse a su
revista si publica una. A través de este club podemos averiguar dónde se
encuentra el que agrupa a perros de una raza dada, en el cual también
deberemos inscribirnos. Ser miembro de estos clubes nos ha de permitir
contar con la oportunidad de trabar amistad con otras personas que
comparten nuestros intereses y preocupaciones, aprender más acerca de la
raza de nuestro perro, y conocer cuán do y dónde tienen lugar las
competiciones y exposiciones caninas.
La primera cosa que debemos hacer al
prepararnos para una competición, es saber la fecha en que ésta va a tener
lugar y conocer las normas por las que se va a regir. Escribamos, pues, al
club canino nacional para obtener una copia del programa de competiciones
y de sus correspondientes normas (así como para las competiciones de
obediencia o de habilidad, o de cualquier tipo en que nos hallemos
interesados).
Debemos enseñar a nuestro perro, así como
enseñarnos a nosotros mismos, algunos de los principios básicos en la
competición canina. Deberemos aprender la forma de conseguir que
permanezca inmóvil el can, y éste deberá aprender a adoptar esta actitud
cuando se le requiera para ello. Nuestro perro deberá aprender a aceptar,
asimismo, el ser examinado por un desconocido (en otras palabras, el juez
de la competición). También deberemos aprender cómo conseguir que el perro
se mueva de un modo apropiado junto a nosotros, y él deberá aprender a
actuar de esta forma cuando así se le ordene.
Las exposiciones caninas difieren de las
competiciones regulares sólo en el hecho de que no se concede puntuación
alguna. Tales exposiciones se organizan especialmente para promover la
participación de perros jóvenes (y jóvenes cuidadores) en las
competiciones.
Con la conducta en la pista, que hemos
tenido ocasión de observar en las grandes competiciones, siempre presente,
inscribamos a nuestro perro en tantas exposiciones caninas como podamos.
Cuando se halle en la pista, son dos las labores que nos corresponde
llevar a cabo. Una de ellas es procurar que nuestro perro siempre aparezca
en la forma más favorable para él. La otra es no perder de vista al juez,
para saber qué quiere que hagamos. Con centrémonos únicamente en el juez y
en nuestro perro. Mostrémonos rápidos y despiertos; hagamos exactamente lo
que el juez so licita. No hablemos con él, excepto para responder a las
preguntas que nos haga. Si hace algo que no nos gusta, no debemos decirlo.
Y no lo irritemos (como tampoco a nadie más) hablando y jugando
constantemente con nuestro perro.
Al movernos por la pista, recordemos
mantenernos alejados de los perros que avancen a nuestro lado y frente a
nosotros. Muchos aficionados a los perros creen que no se debe concurrir a
una competición regular hasta que el perro esté próximo a su edad adulta,
y después de que tanto el cuidador como el animal hayan tenido tiempo de
adquirir experiencia y de perfeccionar la conducta y los movimientos en la
pista durante las exposiciones caninas.
Las competiciones son para los perros de
pura raza inscritos en el club que las patrocina. Cada perro se inscribe
en la categoría que le corresponde según su edad, sexo e historial previo
de concurrencia a competiciones. Las diversas categorías generalmente
incluyen: cachorros, principiantes, criados por el concursante y libres; y
también puede existir una para veteranos y otra para parejas, por ejemplo.
Asimismo, cabe que haya una categoría para
jóvenes exhibido res de edades comprendidas entre 10 y 16 años, ambas
inclusive, los cuates compiten para decidir quién cuida mejor a su perro,
más que para determinar cuál es el mejor animal, como ocurre con las demás
categorías.
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